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DE LA ÉPOCA NAZARÍ A LA RECONQUISTA

LA MÁLAGA NAZARÍ

alcazaba06_pEn esta época, vivían en Málaga unas 15.000 personas. En su conjunto, la población islamo-malagueña se atuvo a la ortodoxia religiosa más estricta bajo la tutela de los aliaquíes. Ortodoxia que respondía más a las normas de comportamiento social. La población no musulmana, constaba de una minoría judaica. La presencia de cristianos, se reducía a los cautivos apresados en hechos bélicos: en Málaga trabajaban duro en las Atarazanas.

Producción agrícola

La faceta más destacada de la agricultura malagueña vino representada por la asociación de viña e higueral, que se daba sobre todo en la Axarquía. La actividad pecuaria, de la que estaba ausente el cerdo, parece haber desempeñado un lugar secundario.

El carácter fundamentalmente montañoso del paisaje malagueño no favorecía la agricultura, pero el campesino musulmán supo crear, con útiles muy simples, cultivos en pendientes y organizar de modo eficiente el regadío. El buen trigo candeal constituía la base de la dieta alimenticia.

La producción de aceite también fue deficitaria, recurriéndose a las importaciones del Aljarafe sevillano. Otros árboles frutales sí eran abundantes, pues las avellanas, nueces, castañas, almendras e higos jugaban un papel importante en la alimentación invernal; incluso los morales, cuyo fruto se utilizaba para fabricar zumos.

El artesanado

Destacan en las malagueñas, los trabajos del cuero y la piel, metalistería (cuchillos y tijeras) y la cerámica dorada o porcelana de Málaga. De la producción textil, se habla menos, quizá porque se encontraba en decadencia, sólo la seda escapa a este declive. La construcción naval también es importante. En las atarazanas de Málaga se construían navíos ligeros para la vigilancia ribereña y el corso.

La activación mercantil

El nudo malagueño destaca por el papel privilegiado que desempeña en el comercio exterior del reino de Granada. La seda, los frutos secos y el azúcar, van a ser los componentes fundamentales de las exportaciones malagueñas. El puerto malagueño va tomando mucha importancia.

Instituciones de gobierno

En la Alcazaba residía el gobernador de la ciudad, a menudo un príncipe nazarí, como delegado del sultán, rodeado de secretarios y juristas.

alcazaba40_pMÁLAGA Y LA RECONQUISTA (1482-1499)

La conquista del reino de Granada comienza con la toma de Alhama por los cristianos en Febrero de 1482. A los pocos meses, Muley Hacen se refugia en Málaga al ser destronado por su hijo Boabdil con el apoyo de los abencerrajes, que han vuelto del exilio.

Desde ese momento, los Reyes Católicos (RRCC) juegan a su favor con el cainismo de la élite granadina. Mientras que el nuevo sultán se muestra propicio a un entendimiento con Castilla, su padre preconiza la resistencia a ultranza.

Los musulmanes de Málaga y su territorio, que inicialmente se habían decantado por el segundo, se convierten en el blanco de la ofensiva castellana. En marzo de 1483 una fuerza andaluza es derrotada en el corazón de la Axarquía. Seis meses más tarde, los cristianos obtienen la revancha en los campos de Lopera, donde mueren o son apresados la mayoría de los alcaides y notables de la tierra malagueña.

El 18 de agosto de 1487, en uno de los episodios más sangrientos, es cuando cayó la ciudad en manos de los Reyes Católicos, los cuales sólo permitieron a veinticinco familias permanecer en Málaga, como mudéjares, en el recinto de la morería.

LOS MUDÉJARES MALAGUEÑOS (1485- 1501)

El musulmán bajo dominio cristiano será conocido como "mudéjar", que significa "domesticado, dominado, al que se le ha permitido quedarse". En este sentido, son muchas las comunidades islámicas que van a subsistir en el territorio malagueño al abrigo de las capitulaciones firmadas durante la guerra. Estas se presentan como pactos de naturaleza feudal: los musulmanes reconocen la soberanía de los Reyes Católicos, entregan las fortalezas, devuelven a los cautivos y se comprometen a continuar pagando los impuestos tradicionales; en contrapartida, reciben la protección real para sus personas y bienes, así como garantías de que serán respetadas sus creencias, leyes y usos sociales.

Al estar bajo el amparo directo de la Corona, los mudéjares malagueños escapaban a la jurisdicción del consejo local, que pretendía echarlos de la ciudad. Aunque la emigración sigue siendo teóricamente libre, en la práctica se ve limitada por el pago de unos derechos de tránsito que eran bastante onerosos para la mayoría de los musulmanes.

Después de 1487, Málaga experimenta cambios importantes en su trazado urbano. Se abre un eje longitudinal al que se añade otro transversal, en sentido noroeste-suroeste, cruzándose ambos en la "plaza de las cuatro calles", luego plaza Mayor de la ciudad (hoy Plaza de la Constitución). Las transformaciones más profundas tienen lugar en la mitad meridional, donde la apertura de la calle Nueva permite enlazar la mencionada plaza con la puerta del Mar.

En torno a estos dos ejes se configuran cuatro collaciones o parroquias y se reparte el vecindario cristiano. Estas modificaciones responden a las necesidades planteadas por una población nueva, la cual también hará sentir su impronta en el paisaje agrario.

El artesanado malagueño se divide en siete grandes bloques; textil, cuero, barro, metal, madera, construcción y alimentación. Málaga se convierte en un lugar de salida para los excedentes agrícolas de los reinos de Córdoba y Jaén, así como en punto de entrada de una serie de bienes que, al superar la demanda del mercado local, son llevados al interior de Andalucía.

LOS MORISCOS MALAGUEÑOS HASTA SU EXPULSIÓN (1501-1570)

Habría que preguntarse si los Reyes Católicos consideraban viable el procedimiento seguido para lograr la conversión de sus vasallos mudéjares.

En este sentido, parece que Fernando e Isabel compartían la opinión de que una vez bautizados los musulmanes, sería necesario imponer poco a poco la disciplina religiosa, de manera que al cabo de una o dos generaciones, todos fueran auténticos cristianos.

Pero la historia posterior de los moriscos malagueños muestra que la Iglesia se desentendió de las tareas evangélicas, lo cual, unido al carácter fingido de la conversión, haría que el Islam sobreviviera de modo clandestino.