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MÁLAGA EN LA ILUSTRACIÓN

INTRODUCCIÓN

zeasalvatierra02 Málaga comienza su perfil urbano moderno rompiendo sus inoperantes murallas. Los malagueños, cuyo número crece a despecho de las catástrofes naturales que afligen periódicamente a la ciudad, se extienden por los barrios extramuros: el Perchel, la Trinidad, Capuchinos y la Victoria.

Junto al mar, en la zona residencial de la nueva burguesía, surge el paseo de la Alameda, el símbolo urbanístico de los nuevos tiempos que marcan la prosperidad ciudadana. En el siglo XVIII la ciudad de Málaga adquirió buena parte de sus elementos más característicos: La Catedral, el puerto, la citada Alameda, la expansión de algunos barrios periféricos y los caminos de Antequera y Vélez.

En el transcurso de la centuria, los malagueños sufrieron un total de seis tormentas e inundaciones de diversa gravedad, siete hambrunas y carestías, seis epidemias, cuatro guerras y dos terremotos.

La exportación condicionó todo el sistema español: el vino y las pasas con destino a Europa superaban al resto de la producción. El comercio era la fuente principal de riqueza y los mercaderes extranjeros dominaban el panorama español. La gran obra del puerto, así como los caminos de Antequera y Vélez, fueron la infraestructura ineludible para que los vinos malagueños pudieran figurar en la mesa de la emperatriz de Rusia.

El paisaje agrario malagueño estaba dominado por la llamada "trilogía mediterránea", aunque la vid se imponía al trigo y al olivo de forma abrumadora.

Las actividades artesanales sobrepasaban el número de sesenta aunque algunas no estaban agremiadas por ser consideradas mayores (plateros, sederos...) y otras no alcanzaban la categoría gremial, como los palanquines, que transportaban mercancías sobre su espalda.

Málaga, sede de la Capitanía General de la costa y Reino de Granada, jugó un papel esencial en la política exterior de los Borbones. Las armadas, el abasto de los presidios norteafricanos y la defensa del Mediterráneo se organizaban aquí. Ello implicó un enorme gasto en defensa: Fortificación de su puerto, torres en el litoral y regimientos de milicias. Además, la pérdida de Gibraltar en 1704 a manos de los britanicos "depositaba" en Málaga una de las "llaves del Estrecho".

amigosdelpais05EL GOBIERNO DE LA CIUDAD: SU CABILDO MUNICIPAL

Era la institución más poderosa, rica, importante, informada y mejor relacionada que existía en la ciudad. Conocía las necesidades, los deseos y el pensamiento de los malagueños. Gobernador, alcalde mayor y regidores conformaban el concejo y se denominaban a sí mismos "La Ciudad". Y nunca dejó muy claro dónde terminaba lo personal y dónde empezaba lo público. Abastos, impuestos, obras, sanidad, educación... cualquier cosa que afectase a los ciudadanos la controlaba el Ayuntamiento, siempre en nombre del Rey y, a veces, en provecho propio.

Por tradición (y por mandato divino, según se enseñaba en las escuelas), la sociedad se dividía en tres grupos: la nobleza, el clero y el pueblo llano. Los dos primeros tenían privilegios legales, y sus obligaciones eran defender con las armas y salvar con la oración. El pueblo había de corresponder con su trabajo al beneficio que recibía. Este esquema era generalmente admitido, pero la burguesía empezaba a cuestionarlo en nombre de la utilidad y el bien común.

La religión era el eje sobre el que giraba la vida de la ciudad en todos y cada uno de sus niveles. Individuo, Familia, educación, trabajo, negocios, gobierno y las instituciones que retrataban la vida de la comunidad gravitaban sobre parroquias, conventos y el cabildo catedralicio. Pese a las críticas al clero, el pueblo sabía que, al llegar la epidemia, sólo los frailes se quedarían junto a él para consolarle y confortarle en su miedo a la muerte.

El final del s. XVIII no es la mejor época para Málaga ni para el conjunto de la España borbónica. La guerra contra la revolución francesa precederá a las epidemias de fiebre amarilla, éstas, a la guerra contra Inglaterra y a su vez, Trafalgar será el epílogo del poderío hispano y prólogo de la Guerra de la Independencia. La ciudad de Málaga verá, lenta pero inexorable, cómo la pujanza comercial y la riqueza -generada por el libre comercio con América y por su magnífico puerto marítimo- se funden entre los hombres de la invasión napoleonica.

Es el comienzo de una nueva etapa de viticultura y siderurgia.