Historia ampliada

Málaga en la Historia

Málaga hasta la antigüedad

La entrada de Málaga en la Historia

Podemos afirmar que Málaga y sus alrededores han estado ocupados desde la prehistoria, como prueba de ello tenemos importantes restos pictóricos, dólmenes en Antequera, cuevas como la de la Pileta, de Nerja, etc.

La capital de Málaga entra en la historia con la llegada a sus costas de los navegantes fenicios, aunque quizás pudo existir un poblado íbero.

Los fenicios son los que fundan en el siglo VIII en la desembocadura del rio Guadalhorce la colonia Malaka. Comenzó, por parte de estos comerciantes semitas, una interesada búsqueda de las riquezas naturales de la región y, con ella, una carrera de reconocimiento de nuestra geografía y de sus gentes.

En aquellos primeros contactos está el origen de una serie de leyendas, verdaderos enigmas de nuestro pasado más remoto, entre las que sobresalen los mitos de Tartesos y de la colonia griega de Mainake.

FENICIOS, PÚNICOS E IBEROS EN MÁLAGA

Muy cerca de Malaka, los griegos fundan una colonia llamada Mainake, la cual fue arrasada por los cartagineses, que dominaron la zona hasta el 206 A.C. Posiblemente, los motivos económicos que impulsaron a los marineros fenicios a establecer las numerosas colonias que aparecen en la costa malagueña, fueron muy numerosos; entre ellos, la abundancia de madera para su uso en los hornos de fundición, etc.

Entre las actividades económicas que estas colonias desarrollaron, hay que hacer referencia a las industrias pesqueras destinadas a la producción de púrpura y a la salazón; se llegó incluso a acuñar monedas. Nuestras tierras eran una frontera entre dos mundos: los colonizadores de la costa y los íberos del interior.

La segunda mitad del siglo VI es la transición entre las llamadas épocas fenicias y púnica, y cuando se abandonan la mayoría de las colonias fenicias de nuestra costa. La conquista de Tiro por Nabucodonosor en el año 573 convirtió a Cartago en la heredera del comercio fenicio. Los púnicos de Cartago crearon todo un imperio comercial en el que la costa meridional de España jugó un papel destacado.

En los siglos que van desde fines del VI a.C. al cambio de era, los territorios malagueños aparecen ocupados por dos tipos de gentes: los que habitan en la zona costera, denominados Libiofenicios, y los del interior, que los podemos llamar indígenas, íberos o turdetanos. Estas poblaciones quedaron rápidamente captadas por los romanos a comienzos de la segunda centuria y transformándose las más importantes en auténticas ciudades, con cierta autonomía, pero siempre bajo el atento control de los romanos.

LA CONQUISTA ROMANA Y LA NUEVA ORGANIZACIÓN DEL TERRITORIO

En los años finales del siglo tercero antes de Cristo, los romanos llegaron a estas tierras para luchar contra los cartagineses. La victoria romana supuso su presencia estable en el país y la incorporación, por tanto, a la órbita de Roma de toda esta geografía.

Los recién llegados unificaron a las gentes de la costa y del interior bajo el común poder romano; muchos itálicos se establecieron en las ciudades existentes, explotaron los recursos naturales y trajeron una nueva lengua, el latín, y unos usos y costumbres que cambiarían la vida de los pobladores existentes.

Los años que siguieron a la llegada de los romanos y la consiguiente expulsión de los cartagineses cambiaron de modo considerable el panorama de la región. En el año 197 antes de Cristo, el territorio Hispalense estaba dividido teóricamente en dos provincias, las tierras de la región de Málaga, como todas las del sur, se integraron en la Hispania Ulterior.

La ocupación de algunos lugares por los romanos, contribuyó a una expansión rápida de los conceptos e ideas de los mismos, a la vez que dio como resultado una diversificación y diferenciación socioeconómica. Es evidente, que todo ello tuvo su reflejo en las ciudades, aunque no supuso la nueva organización una ruptura con la tradición anterior.

LOS TERRITORIOS MALAGUEÑOS DURANTE EL ALTO IMPERIO

Al caer la República y advenir el nuevo sistema político del Imperio, los territorios de Málaga, que ya llevaban dos siglos ocupados por los romanos, quedaron repartidos administrativamente entre los cuatro conventos jurídicos en que se dividió la provincia Bética, recién creada por Augusto.

Al mismo tiempo, nuevas vías y otras antiguas mejoras facilitaban a sus gentes las relaciones con otros lugares. Málaga y otros centros urbanos de su región crecieron y recibieron nuevos estatutos jurídicos. Es de destacar, en el siglo I, el paso de ciudad federada a municipio de derecho latino. Esto se plasmó en la Lex Flavia Malacitana, promulgada en el año 81, parte de la cual se encontró en Málaga en 1851 en la zona del El Ejido. La Lex Flavia Malacitana, contenida en cinco tablas, aunque solamente se encontraron las que tienen las rúbricas 51 a 69, se conservan las originales en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y existe una copia de las mismas en el salón de plenos del Ayuntamiento de Málaga.

La zona más relevante de la ciudad romana sería localizada en los alrededores de la colina de la alcazaba, donde había un arco de triunfo, un teatro romano y mosaicos, de los cuales aún se conservan restos.

En lo referente a algunos aspectos sociales, como la vida espiritual, se encontraban algunas diferencias como consecuencia de su origen étnico. En cuanto a lo económico, la riqueza del territorio obedecía fundamentalmente a la agricultura de las zonas interiores y a la abundancia pesquera de las aguas que bañan el litoral. Entre los productos malagueños que alcanzaron fama debe destacarse el "garum".

EL BAJO IMPERIO. MÁLAGA BAJO EL DOMINIO DE BIZANTINOS Y VISIGODOS

A lo largo del siglo III y IV se produjeron grandes cambios que no sólo afectaron a la vida política o a la económica, sino, que llegaron incluso a invadir, el mundo de las creencias. Entre estos cambios destaca el fuerte desarrollo que tiene el cristianismo en tierras malagueñas.

La crisis que produjo la caída del Imperio romano debilitó la tradicional estructura política administrativa en que se había desenvuelto la vida malagueña durante siglos. En esta nueva situación, estos territorios pasarán a depender del dominio de Bizancio; durante un breve periodo de tiempo, Málaga fue la capital del territorio bizantino de Spania, hasta que son expulsados por los visigodos a comienzos del siglo VII.

Málaga en la época musulmana. Siglos VIII al XIII

Conquista y ocupación del territorio

La conquista realizada en el año 711 por los musulmanes va a suponer la interrupción del proceso de feudalización que se había comenzado en época visigoda. Este fenómeno se observa en la provincia de Málaga en el asentamiento de nuevos pobladores, árabes y bereberes y también con la huida a los montes de la población indígena.

El Islam y la sociedad islámica.

En el año 711 el ejército dirigido por Tariq Ibn Ziyad derrota al rey Rodrigo y consigue suplantar al Estado Visigodo. Con ello se inicia una nueva etapa, de ocho siglos de duración, en la cual las tierras de Málaga van a formar parte del mundo islámico. A partir de ahí se formará la sociedad islámica, cuyas características distintivas la harán totalmente opuestas a la sociedad que se está formando en la Europa del momento, la feudal.

Frente a esta sociedad feudal, pública, rural y servil, la islámica se caracterizó por la hegemonía de lo privado, lo urbano y las relaciones contractuales. A ese mismo principio de la hegemonía de lo privado obedece la arquitectura y la distribución de la vivienda, sin fachada, orientada al interior. Las actividades económicas principales de estas nuevas ciudades serán la artesanía y el comercio; no obstante, la expansión islámica alcanzará pronto Asia Central y los límites de India, y a partir de esos contactos se difundirá una agricultura capaz de abastecer los centros urbanos.

La época del emirato

El proceso de islamización que se produce durante los siglos VIII y IX impulsado por la nueva dinastía de los Omeyas, se va a enfrentar con la resistencia de los grupos tribales, así como de los herederos de la aristocracia visigoda, que protagonizarán una lucha contra el Estado Cordobés en el último tercio del siglo IX.

LA REVUELTA DE OMAR IBN HAFSÚN

La rebelión más importante contra el Estado Omeya, será la que protagonicen, a finales del siglo IX y principios del siglo X, Omar ben Hafsún y sus hijos, cuyo centro se situó en la provincia de Málaga, concretamente en Bobastro. Esta revuelta supuso el último intento de Al-andalus de mantenimiento de los privilegios de tipo feudal por parte de la aristocracia de origen hispano-godo, que se vio destinada al fracaso al carecer de base social que la sustentara, ante el progreso de la islamización en el conjunto de la población.

 

MÁLAGA BAJO EL CALIFATO DE CÓRDOBA

Con la sumisión de Bobastro ante Abd-al-Rahman III se impone totalmente el sistema islámico en la tierra de Málaga lo que se traduce en una etapa de paz y un nuevo esquema de población, basado en el desarrollo de las ciudades y la proliferación de alquerías en el mundo rural, con el florecimiento del artesanado y el comercio, así como de una agricultura intensiva con base en el regadío.

La crisis del Califato

El sistema implantado durante el Califato brilló con prosperidad hasta que en el año 976 muere al-Hakam II y su único hijo, Hisam II, menor de edad, sube al trono; en este reinado surgirán anomalías, que a lo largo del tiempo llegarán a la destrucción del califato. Estas anomalías llevan a una crisis que tendrá como consecuencia el fraccionamiento en los denominados reinos de Taifas, pero la crisis fue fundamentalmente política, luchas por el poder, sin que se cuestionara nunca el sistema islámico.

MÁLAGA BAJO LOS REINOS TAIFAS

La crisis del Califato dio lugar a la aparición de diversos califas apoyados por unos u otros grupos y que los gobernantes reconocerán o no según sus intereses.

En este siglo de luchas se produce la conformación de la Alcazaba de Málaga.

ALMORÁVIDES Y ALMOHADES

La integración de los sucesivos imperios bereberes de almorávides y almohades, desde finales del siglo XI hasta bien entrado el siglo XIII, contempla la definitiva implantación de las tierras y la ciudad de Málaga en el ámbito del occidente mediterráneo, lo que tiene su reflejo en el auge de la ciudad, pero también en un dirigismo económico sobre el mundo rural que posibilitará a la larga una explotación de tipo precolonial.

Contaba Málaga con dos arrabales fuera de las murallas y un comercio que poseía un discreto radio de acción con Marruecos. La ciudad contaba con una clase media dedicada a la artesanía y al comercio regulada por el tratado del buen gobierno del zoco, redactado por el malagueño Al-Sagasti.

De la época Nazarí hasta la Reconquista

La Málaga Nazarí

En esta época, vivían en Málaga unas 15.000 personas. En su conjunto, la población islamo-malagueña se atuvo a la ortodoxia religiosa más estricta bajo la tutela de los aliaquíes. Ortodoxia que respondía más a las normas de comportamiento social. La población no musulmana, constaba de una minoría judaica. La presencia de cristianos, se reducía a los cautivos apresados en hechos bélicos: en Málaga trabajaban duro en las Atarazanas.

Producción agrícola

La faceta más destacada de la agricultura malagueña vino representada por la asociación de viña e higueral, que se daba sobre todo en la Axarquía. La actividad pecuaria, de la que estaba ausente el cerdo, parece haber desempeñado un lugar secundario.

El carácter fundamentalmente montañoso del paisaje malagueño no favorecía la agricultura, pero el campesino musulmán supo crear, con útiles muy simples, cultivos en pendientes y organizar de modo eficiente el regadío. El buen trigo candeal constituía la base de la dieta alimenticia.

La producción de aceite también fue deficitaria, recurriéndose a las importaciones del Aljarafe sevillano. Otros árboles frutales sí eran abundantes, pues las avellanas, nueces, castañas, almendras e higos jugaban un papel importante en la alimentación invernal; incluso los morales, cuyo fruto se utilizaba para fabricar zumos.

El artesanado

Destacan en las malagueñas, los trabajos del cuero y la piel, metalistería (cuchillos y tijeras) y la cerámica dorada o porcelana de Málaga. De la producción textil, se habla menos, quizá porque se encontraba en decadencia, sólo la seda escapa a este declive. La construcción naval también es importante. En las atarazanas de Málaga se construían navíos ligeros para la vigilancia ribereña y el corso.

La activación mercantil

El nudo malagueño destaca por el papel privilegiado que desempeña en el comercio exterior del reino de Granada. La seda, los frutos secos y el azúcar, van a ser los componentes fundamentales de las exportaciones malagueñas. El puerto malagueño va tomando mucha importancia.

Instituciones de gobierno

En la Alcazaba residía el gobernador de la ciudad, a menudo un príncipe nazarí, como delegado del sultán, rodeado de secretarios y juristas.

MÁLAGA Y LA RECONQUISTA (1482-1499)

La conquista del reino de Granada comienza con la toma de Alhama por los cristianos en Febrero de 1482. A los pocos meses, Muley Hacen se refugia en Málaga al ser destronado por su hijo Boabdil con el apoyo de los abencerrajes, que han vuelto del exilio.

Desde ese momento, los Reyes Católicos (RRCC) juegan a su favor con el cainismo de la élite granadina. Mientras que el nuevo sultán se muestra propicio a un entendimiento con Castilla, su padre preconiza la resistencia a ultranza.

Los musulmanes de Málaga y su territorio, que inicialmente se habían decantado por el segundo, se convierten en el blanco de la ofensiva castellana. En marzo de 1483 una fuerza andaluza es derrotada en el corazón de la Axarquía. Seis meses más tarde, los cristianos obtienen la revancha en los campos de Lopera, donde mueren o son apresados la mayoría de los alcaides y notables de la tierra malagueña.

El 18 de agosto de 1487, en uno de los episodios más sangrientos, es cuando cayó la ciudad en manos de los Reyes Católicos, los cuales sólo permitieron a veinticinco familias permanecer en Málaga, como mudéjares, en el recinto de la morería.

LOS MUDÉJARES MALAGUEÑOS (1485- 1501)

El musulmán bajo dominio cristiano será conocido como "mudéjar", que significa "domesticado, dominado, al que se le ha permitido quedarse". En este sentido, son muchas las comunidades islámicas que van a subsistir en el territorio malagueño al abrigo de las capitulaciones firmadas durante la guerra. Estas se presentan como pactos de naturaleza feudal: los musulmanes reconocen la soberanía de los Reyes Católicos, entregan las fortalezas, devuelven a los cautivos y se comprometen a continuar pagando los impuestos tradicionales; en contrapartida, reciben la protección real para sus personas y bienes, así como garantías de que serán respetadas sus creencias, leyes y usos sociales.

Al estar bajo el amparo directo de la Corona, los mudéjares malagueños escapaban a la jurisdicción del consejo local, que pretendía echarlos de la ciudad. Aunque la emigración sigue siendo teóricamente libre, en la práctica se ve limitada por el pago de unos derechos de tránsito que eran bastante onerosos para la mayoría de los musulmanes.

Después de 1487, Málaga experimenta cambios importantes en su trazado urbano. Se abre un eje longitudinal al que se añade otro transversal, en sentido noroeste-suroeste, cruzándose ambos en la "plaza de las cuatro calles", luego plaza Mayor de la ciudad (hoy Plaza de la Constitución). Las transformaciones más profundas tienen lugar en la mitad meridional, donde la apertura de la calle Nueva permite enlazar la mencionada plaza con la puerta del Mar.

En torno a estos dos ejes se configuran cuatro collaciones o parroquias y se reparte el vecindario cristiano. Estas modificaciones responden a las necesidades planteadas por una población nueva, la cual también hará sentir su impronta en el paisaje agrario.

El artesanado malagueño se divide en siete grandes bloques; textil, cuero, barro, metal, madera, construcción y alimentación. Málaga se convierte en un lugar de salida para los excedentes agrícolas de los reinos de Córdoba y Jaén, así como en punto de entrada de una serie de bienes que, al superar la demanda del mercado local, son llevados al interior de Andalucía.

LOS MORISCOS MALAGUEÑOS HASTA SU EXPULSIÓN (1501-1570)

Habría que preguntarse si los Reyes Católicos consideraban viable el procedimiento seguido para lograr la conversión de sus vasallos mudéjares.

En este sentido, parece que Fernando e Isabel compartían la opinión de que una vez bautizados los musulmanes, sería necesario imponer poco a poco la disciplina religiosa, de manera que al cabo de una o dos generaciones, todos fueran auténticos cristianos.

Pero la historia posterior de los moriscos malagueños muestra que la Iglesia se desentendió de las tareas evangélicas, lo cual, unido al carácter fingido de la conversión, haría que el Islam sobreviviera de modo clandestino.

Málaga en el Barroco

Del esplendor a la decadencia (1570-1700)

En la población malagueña de los siglos XVI y XVII influyó de forma notoria la expulsión de los moriscos del Reino de Granada, llevada a cabo una vez finalizada la Guerra de las Alpujarras, así como los factores demográficos negativos. Entre estos últimos hay que destacar las constantes levas de soldados, las epidemias, las inundaciones provocadas por el río Guadalmedina y, aunque con una menor incidencia, las explosiones de los molinos de pólvora.

Desde el comienzo de sus obras, el puerto se convirtió en el motor del sistema productivo, hasta el punto de transformar a Málaga en un importante núcleo mercantil, que facilitó el intenso tráfico de exportación de sus cotizados productos a los países europeos.

La originalidad de la empresa malagueña consistió en desarrollar una agricultura de mercado cuyos beneficiosos resultados sirvieron para anunciar los efectos de la crisis del siglo XVII. El vino y las pasas eran los productos que ocupaban la preeminencia de las exportaciones malagueñas y, por tanto, constituían la principal fuente de ingresos.En el ramo textil destacaba la seda, muy ligada a los moriscos.

Dentro del entramado social, el estamento aristocrático se vio incrementado por los procesos de "refeudalización" producido por la venta de señoríos, a la vez que acaparaba los altos cargos con la implantación de la nobleza. El campesinado y las clases populares formaban la gran mayoría, pero se observaba ya el auge de la burguesía. Entre las clases marginales destacaba la formación de bolsas de pobreza en los barrios periféricos y la persistencia de la esclavitud.

La situación estratégica de Málaga va a transformar a la ciudad y a su costa en piezas del damero político de los Austrias, que convirtieron la capital en un verdadero arsenal. El municipio, pieza básica de gobierno, sufrió las consecuencias de la corrupción general de la época por la venta de cargos y, sobre todo, por su sometimiento a las oligarquías ciudadanas, usurpadoras del poder político local.

PRESENCIA INQUISITORIAL EN MÁLAGA

En este período, la Iglesia malagueña casi había completado la red de parroquias e instituciones religiosas y benéficas en toda la diócesis. Fray Alonso de Santo Tomás, personaje polémico, desempeñó un indudable protagonismo a lo largo de la centuria.

La nueva religiosidad popular se hizo patente a través del auge que adquirieron las cofradías y hermandades de Pasión, creadas en torno a los principales templos. Los jesuitas fundaron su colegio malagueño en 1572 y tuvo como objetivo la educación de la juventud. Se crean numerosas fundaciones de carácter benéfico religioso como el convento de Santa Clara (1505), el colegio de los agustinos (1575) o el convento de las carmelitas descalzas (1585).

En los extramuros de la ciudad se levanta el hospital real de San Lázaro (1491), el convento de los trinitarios calzados (1491), Santo Domingo (1494), etc.

El consejo de la Suprema y General Inquisición extendía su influencia a lo largo y ancho de todos los territorios pertenecientes a la Corona. Para ello, se valió de los temidos tribunales de distrito. Uno de estos era el que tenía su sede en Granada, bajo cuya jurisdicción estaban el Arzobispado de Granada y los obispados de Almería, Guadix y Málaga.

La leyenda negra, avivada por los países europeos, dio del santo oficio una visión siniestra que ha perdurado hasta nuestros días. La Inquisición nació para luchar contra el proselitismo de los judaizantes, pero pronto se configuró como un organismo destinado a salvaguardar la unidad religiosa.

Málaga en la Ilustración

Málaga comienza su perfil urbano moderno rompiendo sus inoperantes murallas. Los malagueños, cuyo número crece a despecho de las catástrofes naturales que afligen periódicamente a la ciudad, se extienden por los barrios extramuros: el Perchel, la Trinidad, Capuchinos y la Victoria.

Junto al mar, en la zona residencial de la nueva burguesía, surge el paseo de la Alameda, el símbolo urbanístico de los nuevos tiempos que marcan la prosperidad ciudadana. En el siglo XVIII la ciudad de Málaga adquirió buena parte de sus elementos más característicos: La Catedral, el puerto, la citada Alameda, la expansión de algunos barrios periféricos y los caminos de Antequera y Vélez.

En el transcurso de la centuria, los malagueños sufrieron un total de seis tormentas e inundaciones de diversa gravedad, siete hambrunas y carestías, seis epidemias, cuatro guerras y dos terremotos.

La exportación condicionó todo el sistema español: el vino y las pasas con destino a Europa superaban al resto de la producción. El comercio era la fuente principal de riqueza y los mercaderes extranjeros dominaban el panorama español. La gran obra del puerto, así como los caminos de Antequera y Vélez, fueron la infraestructura ineludible para que los vinos malagueños pudieran figurar en la mesa de la emperatriz de Rusia.

El paisaje agrario malagueño estaba dominado por la llamada "trilogía mediterránea", aunque la vid se imponía al trigo y al olivo de forma abrumadora.

Las actividades artesanales sobrepasaban el número de sesenta aunque algunas no estaban agremiadas por ser consideradas mayores (plateros, sederos...) y otras no alcanzaban la categoría gremial, como los palanquines, que transportaban mercancías sobre su espalda.

Málaga, sede de la Capitanía General de la costa y Reino de Granada, jugó un papel esencial en la política exterior de los Borbones. Las armadas, el abasto de los presidios norteafricanos y la defensa del Mediterráneo se organizaban aquí. Ello implicó un enorme gasto en defensa: Fortificación de su puerto, torres en el litoral y regimientos de milicias. Además, la pérdida de Gibraltar en 1704 a manos de los britanicos "depositaba" en Málaga una de las "llaves del Estrecho".

EL GOBIERNO DE LA CIUDAD: SU CABILDO MUNICIPAL

Era la institución más poderosa, rica, importante, informada y mejor relacionada que existía en la ciudad. Conocía las necesidades, los deseos y el pensamiento de los malagueños. Gobernador, alcalde mayor y regidores conformaban el concejo y se denominaban a sí mismos "La Ciudad". Y nunca dejó muy claro dónde terminaba lo personal y dónde empezaba lo público. Abastos, impuestos, obras, sanidad, educación... cualquier cosa que afectase a los ciudadanos la controlaba el Ayuntamiento, siempre en nombre del Rey y, a veces, en provecho propio.

Por tradición (y por mandato divino, según se enseñaba en las escuelas), la sociedad se dividía en tres grupos: la nobleza, el clero y el pueblo llano. Los dos primeros tenían privilegios legales, y sus obligaciones eran defender con las armas y salvar con la oración. El pueblo había de corresponder con su trabajo al beneficio que recibía. Este esquema era generalmente admitido, pero la burguesía empezaba a cuestionarlo en nombre de la utilidad y el bien común.

La religión era el eje sobre el que giraba la vida de la ciudad en todos y cada uno de sus niveles. Individuo, Familia, educación, trabajo, negocios, gobierno y las instituciones que retrataban la vida de la comunidad gravitaban sobre parroquias, conventos y el cabildo catedralicio. Pese a las críticas al clero, el pueblo sabía que, al llegar la epidemia, sólo los frailes se quedarían junto a él para consolarle y confortarle en su miedo a la muerte.

El final del s. XVIII no es la mejor época para Málaga ni para el conjunto de la España borbónica. La guerra contra la revolución francesa precederá a las epidemias de fiebre amarilla, éstas, a la guerra contra Inglaterra y a su vez, Trafalgar será el epílogo del poderío hispano y prólogo de la Guerra de la Independencia. La ciudad de Málaga verá, lenta pero inexorable, cómo la pujanza comercial y la riqueza -generada por el libre comercio con América y por su magnífico puerto marítimo- se funden entre los hombres de la invasión napoleonica.

Es el comienzo de una nueva etapa de viticultura y siderurgia.

Málaga en el siglo XIX

La crisis del principio de siglo y la Guerra de la Independencia (1800-1814)

El comienzo del siglo XIX estuvo marcado por la presencia de diversos factores negativos que dejaron una fuerte impronta en la vida de los malagueños: las secuelas de la guerra contra Gran Bretaña, muy negativa para el comercio; una mortífera epidemia de fiebre amarilla en los años 1803-1804, y, como desastroso colofón, la Guerra de Independencia.

En medio de estas adversas circunstancias advino el primer régimen constitucional español.

En 1808, en torno al 2 de Mayo, Málaga se subleva contra el invasor francés, encontrando la resistencia más enconada en las guerrillas. La Serranía de Ronda, los Montes Orientales y El Torcal fueron los escenarios principales de sus acciones. La situación en que quedó Málaga al término de la ocupación francesa era auténticamente desastrosa. Así se tuvieron que poner en marcha planes de reconstrucción y la elección de un nuevo Ayuntamiento constitucional y diputados para las cortes, en esta etapa liberal.

EL HUNDIMIENTO DEL ANTIGUO REGIMEN (1814-1833)

El reinado de Fernando VII (1814-1833) fue un periodo de estancamiento económico y fuerte inestabilidad política. A las secuelas de la guerra contra los franceses se sumaron los efectos de la independencia de Hispanoamérica. Las luchas políticas entre liberales y absolutistas consumieron muchas energías para la recuperación del país.

Ya en las postrimetrías del reinado, Málaga fue el escenario de uno de los episodios más crueles de la represión absolutista: el fusilamiento del general Torrijos y sus compañeros. Fernando VII no trajo consigo la paz y la concordia esperadas. Fiel a los principios del absolutismo en que había sido educado, persiguió a los afrancesados y liberales, sin tener en cuenta la contribución de éstos a la causa patriótica.

Durante la etapa absolutista de 1.814-1.820, hubo varios intentos de implantar un régimen liberal, que no se conseguiría hasta 1.820. En el trienio liberal vendrían las sociedades patrióticas, eran unas especies de clubes de carácter político, surgidos a raíz del pronunciamiento de Riego, a imitación de los famosos clubes de la revolución francesa.

En la década ominosa (1.823-1.833) así llamada a la reimplantación del absolutismo, llevado a cabo por un ejército extranjero al mando del duque de Angulema, se desencadenó una oleada de represión y venganza sobre los liberales. Por último, con la insurrección y posterior fusilamiento de Torrijos en 1831, se conseguiría que hubiese una mayor concienciación, después de la muerte del monarca, hacia un asentamiento del régimen constitucional.

EXPANSIÓN ECONÓMICA E INDUSTRIALIZACIÓN (1.833-1.868)

El segundo tercio del siglo XIX fue para Málaga una época brillante y próspera, de gran dinamismo económico, merced a la reactivación de sus tradicionales actividades mercantiles y un despliegue industrial que la va a situar en los primeros puestos de España en lo que a actividades manufactureras se refiere. La capital y algunos puntos de la provincia experimentaron notables transformaciones de signo modernizador. Numerosos viajeros que durante estos años llegaron a esta tierra dejaron constancia de los cambios aludidos y creyeron que el progreso económico había echado raíces en el Sur peninsular.

A partir de 1.834 las ferrerías de Manuel Agustín Heredia, la Constancia, entran en una fase de gran actividad, que las llevaría a situarse en poco tiempo a la cabeza de la producción nacional de hierro.

Las actividades mercantiles también tuvieron un importante incremento. El sector textil experimentó un inusitado desarrollo debido a la familia Larios. Otros nombres extranjeros destacan en Málaga: Loring, Huelin, Crooke, Sáenz, Gross, etc.

En transporte y comunicación se desarrolló sobretodo el ferrocarril con líneas como: Málaga-Álora, Málaga-Cártama, Málaga-Córdoba.

Con una economía en expansión todos los sectores necesitaban de un apoyo firme que no fuera el de los prestamistas y en 1.854 se consiguió crear el Banco de Málaga, aunque se configuró como un instrumento de los grandes capitalistas de la ciudad y la provincia, bajo cuyo control estuvo en todo momento.

Un excelente punto de observación de la Málaga industrial, agrícola y mercantil de la que hablamos la constituye la exposición celebrada en la capital provincial en 1.812.

LAS TRANSFORMACIONES SOCIALES DE LA ERA ISABELINA

Al compás de las transformaciones económicas de la era isabelina, la sociedad experimentó cambios. El fortalecimiento de la burguesía, la formación en el seno de la misma de una oligarquía que controlaba todos los resortes de la vida económica y social y la aparición de un proletariado fabril fueron los rasgos más relevantes. El crecimiento de la población determinó, por otra parte, una expansión del espacio urbano y modificaciones en su estructura.

La presencia de los grandes centros fabriles determinó la aparición de una ciudad industrial y obrera en la margen derecha del río Guadalmedina, separada de las zonas burguesa y residencial del centro y del este.

MODERADORES, PROGRESISTAS Y DEMÓCRATAS

Málaga contribuyó decisivamente al triunfo del liberalismo en España. Durante los años que siguieron a la muerte de Fernando VII, la ciudad inició o secundó movimientos insurreccionales tendentes a impedir una nueva involución política o para evitar cualquier forma de despotismo. Esta actitud le valió en 1.843 la concesión del título de "siempre denodada" y la divisa "La primera en el peligro de la libertad".

De 1.833 a 1.843 Málaga sigue por la senda liberal. De 1.844 a 1.854 se sucede una década moderada, en la que prevalecía el orden público y los poderes del ejecutivo para conseguir progresos en la economía. En 1.854 se produce la revolución encabezada por los generales O'Donell y Dulce y con ella, el restablecimiento de la Milicia Nacional, renovación del Ayuntamiento y la supresión de los derechos de puertas y consumos, impuestos odiados por las clases populares (que apoyaban el levantamiento).

En la nueva etapa de gobiernos de signo moderado que se extiende desde 1.856 hasta 1.868, cabe destacar la conmoción producida por la revolución de Loja de 1.861 y que se extendió a otras comarcas, aunque fue finalmente reprimida.

LA REVOLUCIÓN DE 1868 Y LA PRIMERA REPÚBLICA

En 1.868, un pronunciamiento militar respaldado por amplios sectores de población civil puso fin al reinado de Isabel II y al régimen moderado y abrió una breve etapa de gobiernos democráticos que se extiende hasta 1.874. El ambiente de euforia en Málaga se vivió cuando desembarcó en nuestro puerto el general Prim junto con otros generales sublevados.

La vida política malagueña durante el sexenio democrático (1.868-1.874) se caracterizó por un tono radical y extremista. El republicanismo federal, que logró fuertes apoyos en las clases populares, alentó insurrecciones y actitudes levantiscas que produjeron gran alarma entre los sectores acomodados.

La aparición de las primeras organizaciones obreras es otro hecho relevante del periodo (Antequera 1.854).

LA DEPRESIÓN ECONÓMICA FINISECULAR

A mediados de los años sesenta empezó a resquebrajarse la prosperidad alcanzada en la mitad del siglo. La siderurgia entra en declive.El comercio decae sensiblemente, la agricultura se resiente en un primer momento y más tarde, en los años ochenta, queda arruinada por los devastadores efectos de la filoxera, que arrasa el viñedo.

En la etapa final del siglo se produce un descenso general de las actividades económicas, observándose incluso una disminución de los efectivos demográficos, tanto en la capital como en el conjunto de la provincia.

La grave crisis que afectó a la provincia de Málaga en los últimos decenios del S. XIX, con sus secuelas de pérdida de empleo, hundimiento de empresas y descenso general de las actividades económicas llevó a muchos malagueños a buscar otras fuentes de riqueza que sustituyeran las desaparecidas. Algunas personas vieron en el turismo una alternativa que podría proporcionar importantes beneficios; aunque la idea de que Málaga podía sacar partido a su privilegiado clima estuviera extendida entre sus habitantes, hasta la crisis de fin de siglo no surgieron verdaderas iniciativas de convertir Málaga en una estación turística.

Las iniciativas se cristalizaron en la creación de la Sociedad Propagandística del Clima y Embellecimiento de Málaga en 1897.

REPERCUSIONES SOCIALES DE LA CRISIS: CONDICIONANTES DE VIDA DE LAS CLASES POPULARES

Las repercusiones de la crisis económica se dejaron sentir con fuerza sobre los sectores sociales más vulnerables. Jornaleros agrícolas y pequeños campesinos, en el mundo rural, y obreros industriales y artesanos, en el ámbito urbano, fueron los más perjudicados. Muchos malagueños emigraron al otro lado del océano en busca de mejores condiciones de vida.

El avance de las organizaciones obreras y el aumento de la conflictividad laboral son también indicadores del clima de tensión social imperante en la etapa final del siglo. La agrupación Socialista Malagueña nació de un Ateneo Obrero fundado en 1.885 por Rafael Salinas Sánchez, a quien hay que considerar como el apóstol del socialismo malagueño.

En Málaga el catolicismo social creó escuelas nocturnas para adultos y también funcionó un colegio de niños. Conferencias, conciertos y actos recreativos se ofrecieron igualmente a los asociados.

LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS DURANTE LA PRIMERA ETAPA DE LA RESTAURACIÓN

Oligarquía y caciquismo son los términos que han servido para definir al régimen político instaurado en 1.875, cuyo principal inspirador fue el malagueño Antonio Cánovas del Castillo.

En Málaga, como en otras muchas provincias, los partidos dinásticos ejercieron un férreo control de la vida política, sin que los grupos de oposición, republicanos y socialistas, consiguieran romperlo.

La primera etapa de la Restauración se caracterizó por un recorte general de libertades y fuertes medidas de control sobre organizaciones republicanas y obreras. La prensa fue objeto de un severo control. Se prohibió atacar a la monarquía y defender otros sistemas de gobierno, con advertencias de severas penas a los infractores. Así se convirtió en el vehículo a través del cual se expresaron las ideas políticas. 

Fue un acontecimiento exterior, la guerra de 1.898, el que desencadenó la primera crisis del sistema. El fin de siglo estuvo marcado por la pérdida de los últimos restos del imperio colonial español: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Málaga en el siglo XX

MÁLAGA EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX: UN PANORAMA GENERAL

A lo largo del primer tercio del siglo XX, la población malagueña crece. Es un hecho inequívoco, al que conviene hacer ciertas precisiones: El índice de crecimiento demográfico de Málaga es inferior al de España y es mayor el índice de crecimiento de la capital que el de la provincia.

En cuanto a la economía, es esta una etapa de reajustes, cuyos resultados finales son: el afianzamiento y cierta expansión y mejora de la agricultura, que se consolida como el sector dominante; el progresivo desmantelamiento industrial y el fluctuante desenvolvimiento del comercio.

Todo ello, en el seno de una sociedad atrasada y escasamente alfabetizada, en la que una reducida oligarquía desempeña el papel hegemónico mediante el poder económico y político.

LA DEPRESIÓN MALAGUEÑA DE COMIENZOS DEL SIGLO XX (1900-1914)

La depresión con que se cierra la historia malagueña del siglo XIX prosigue en los primeros años del S.XX. Cuando irrumpe la nueva centuria, el caciquismo impera en Andalucía, los partidos monárquicos del "turno" controlan la vida política y la recesión económica está instalada. En Málaga se dan, plenamente, esas condiciones.

Depresión económica, conflictividad social y dominación política hacen posible que también en Málaga, la oligarquía y el caciquismo sean señas identificadoras del atraso con que la provincia se asoma al Novecientos. En este contexto crítico el republicanismo pequeño burgués y el movimiento obrero irán afianzando sus posiciones, especialmente en la capital.

A principios de siglo hay cambios importantes en Málaga como son la circulación de tranvías en la ciudad y la puesta en funcionamiento de la Hidroeléctrica del Chorro, que surte de energía eléctrica.

La ciudad, aunque cuenta con un comercio digno de tenerse en cuenta, no tiene ni mucho ni menos aquel brillo mercantil que le dio forma a fines del S. XVIII y casi todo el S. XIX. A comienzos del XX la enseñanza primaria - la secundaria es insignificante y la universitaria no existe en Málaga- está plagada de déficits: faltan edificios escolares, puestos y maestros.

MÁLAGA DURANTE LA I GUERRA MUNDIAL(1.914-1.918). LA CRISIS DE 1917

La neutralidad española durante la "gran guerra" abrió paso a una corta coyuntura de recuperación económica, pero en ella se agudizó la conflictividad social e irrumpió una crisis de contenido revolucionario. Así fue en general en España y así fue en concreto en Málaga.

La emigración malagueña descendió, por las difíciles condiciones exteriores, y, en cambio, se incrementó la inmigración. La crisis de 1.917 se vivió en Málaga al igual que en el resto de España pero con peculiaridades como la creación de Juntas de Defensa Civiles.

LA CRISIS DE POSGUERRA EN MÁLAGA (1.919-1.923)

Durante la guerra, la gran demanda de los países beligrantes generó un aumento de los precios que fue seguido de incrementos salariales.

En la posguerra, la caída de la demanda exterior provocó la depresión agraria, industrial y comercial. Irrumpe así una coyuntura crítica en la que se pierden mercados, se piden medidas proteccionistas y se agudiza la tensión entre precios y salarios. Los patronos piensan que la solución es reducir los costes de los productos, bajando los jornales o aumentando el horario laboral; los trabajadores se niegan a este planteamiento con el lema: " Ni un céntimo menos, ni un minuto más". Esta es la clave que explica la crisis y las convulsiones de posguerra en Málaga.

En la primavera de 1.918 irrumpió en España una epidemia de gripe que llegó a Málaga en la primera semana de junio, cebándose en las clases deprimidas. A partir de 1.918 la conflictividad social alcanza su madurez. Se entra desde este año, y hasta 1.922-1923, en una fase de huelgas y agitaciones en la ciudad de Málaga y en el medio campesino. El periodo de 1.918-1920, denominado "el trienio bolchevique", es una coyuntura altamente conflictiva para el movimiento obrero andaluz y momento de reorganización para el malagueño.

Se asienta el socialismo que, desde 1.909, va arraigando en Málaga. Por su parte, el anarquismo ofrece una fuerte implantación, sobre todo en la capital. En 1.919, Málaga era, tras Sevilla, la provincia andaluza con mayor presencia de CNT, y la ciudad malagueña, la capital de Andalucía con más afiliados. Sin embargo, en las elecciones generales de Junio de 1.919 se evidencia la crisis del republicanismo malagueño.

MÁLAGA DURANTE LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1.923-30)

El 13 de Septiembre de 1.923, el general Miguel Primo de Rivera, en aquel momento capitán general de Cataluña, da un golpe de estado. Surgía así la dictadura, que se prolongaría hasta su dimisión, el 20 de Enero de 1.930. Nacía con vocación "reformadora" y atacando a "La vieja política".

Procuró enderezar la situación económica del país, fomentando la industrialización, mejorando algo la agricultura, impulsando el comercio exterior y desarrollando un amplio programa de obras públicas. Todo ello, al amparo de la próspera coyuntura de "los felices años 20". Al final, el "crack" del 29, en el exterior, rompió la balanza económica y, en el interior, volvieron a aflorar los viejos males de la política y de la economía española.

El censo malagueño en este periodo es bajo debido a la fuerte emigración. Se realizan obras públicas como la creación de ciudad jardín, del Pantano del Chorro y otros planes urbanos. En Málaga, al final de los años veinte, junto a la fragmentación de los viejos partidos monárquicos, parece haber un cierto reagrupamiento de los republicanos y un afianzamiento de la izquierda obrera. En cuanto a la cultura, en una posición de falta de libertades y bajo nivel cultural, surge curiosamente en Málaga un movimiento de gran altura intelectual, que tendrá una decisiva influencia en toda la creación posterior.

MÁLAGA ENTRE LA DICTADURA Y LA REPÚBLICA (1.930-1.931)

El breve periodo que va desde comienzos del año 1.930 hasta el 14 de Abril de 1.931 se caracteriza por una serie de acontecimientos que van a desembocar en la caída de la monarquía. En Málaga, los grupos republicanos viven una etapa de confluencia, reorganización e intensa actividad en contacto con los socialistas. Por otro lado, la CNT (sindicato anarquista que contaba con gran implantación en la provincia) y el PCE se movilizan a través de las luchas sociales, surgidas de las pésimas condiciones que sufría la clase obrera y jornalera de aquella época y se pusieron de manifiesto en numerosas huelgas.

El camino hacia las elecciones de Abril no iba a ser fácil ya que las familias monárquicas malagueñas mostraban fuertes divergencias, que iban a dificultar la formación de candidaturas conjuntas.

Blas Infante y Málaga

Blas Infante fue un malagueño de Casares con vocación de andaluz, capaz de superar el estrecho espíritu "provinciano" a favor de la asunción de una plena "conciencia andaluza". Pero su relación con Málaga es una constante a lo largo de su vida.

En Enero de 1.918 Ronda vuelve a ser escenario fundamental en el proceso histórico del andalucismo por reunir allí la primera Asamblea Regionalista andaluza. Ante el fracaso electoral de los andalucistas en Noviembre de 1.933 comienza un "exilio interior" de Blas Infante, que no finalizará hasta el triunfo del Frente Popular en Febrero de 1.936

LA II REPÚBLICA EN MÁLAGA

EL BIENIO REPUBLICANO-SOCIALISTA (1.931-1.933)

Los acontecimientos de 1.930 y de comienzos de 1.931 permitían vaticinar el éxito republicano en las elecciones municipales de 12 de Abril.

Así será y llevará aparejada la proclamación de la República. Se inicia entonces tanto para Málaga como para España, una compleja etapa histórica, plagada de tensiones y vaivenes políticos, en el marco de una crisis económica y social que desembocará, finalmente, en la guerra civil.

EL BIENIO RADICAL-CEDISTA Y EL FRENTE POPULAR (1.934-1.936)

Las elecciones de noviembre de 1.933, con el triunfo de las derechas, abren el llamado bienio radical-cedista, que significó un giro conservador en la política española. De una República de pequeños burgueses reformistas se pasaba a otra conjunción de burgueses y oligarquía, temerosos de los avances sociales y políticos del periodo anterior, a los que las del Frente Popular, de febrero de 1.936, invertirán la tendencia, configurando una república de izquierdas más radicalizada, en la que se acelera el proceso de transformaciones.

El estallido de la Guerra Civil concluirá con la segunda experiencia republicana en España. La coyuntura económica estuvo caracterizada por la depresión y la conflictividad social.

LA GUERRA CIVIL Y LA REPRESIÓN EN MÁLAGA. (1.936-1.939)

En Málaga, tras el triunfo del Frente Popular, derechas e izquierdas se enfrentan en la calle. Cenetistas y Falangistas son, quizás, los grupos más activos en esta espiral de violencia que preludia la Guerra Civil.

Después, guerra y represión serán las variables explicativas de este dramático tramo de historia malagueña. La ofensiva sobre Málaga estuvo dirigida por el general Queipo de Llano, bajo el mando directo del duque de Sevilla.

MÁLAGA, DE LA AUTARQUÍA AL COMIENZO DEL DESARROLLO . (1940-1960)

Tras la guerra civil, una sociedad empobrecida, hambrienta y rota. Comienza el penoso camino de la recuperación, en un país arrasado por la contienda. Se incrustará una política de autarquía económica que, llegada a un punto insostenible, debe abandonarse, dando paso a la liberación.

Todo ello bajo un régimen político autoritario y paternalista -ciertamente dictatorial-, con un partido único, poderes fácticos, estraperlo y especulación; sin libertades de ningún tipo. En este contexto emprende Málaga su difícil recuperación.

El tifus entró en Málaga en el periodo 1.941-43 y no afectó por igual a toda la población malagueña, en cuanto a sexos, atacó más a los hombres; con respecto a la edad, a los comprendidos entre 30 y 59 años.

A partir de los cincuenta se va afirmando la configuración de una economía dual en el ámbito malagueño: un sector moderno y progresivo, el turismo, y otro tradicional y regresivo, la agricultura y el mundo campesino. En estos años se produce un crecimiento desordenado de la ciudad. Se produce una expansión urbana, basada en una política urbanística de tolerancia. 

MÁLAGA, ENTRE EL "DESARROLLISMO" Y LA CRISIS. EL FIN DEL FRANQUISMO (1960-1975)

Población y economía

En este periodo el país vive su etapa desarrollista, en la que paradójicamente se da un crecimiento sin desarrollo; se quiebra, en 1.972-73, con la irrupción de la llamada "crisis del petróleo", y culmina todo el proceso con la muerte de Franco en 1.975, que abre la "transición democrática".

En Málaga, esta fase de su historia viene marcada por la presencia de dos aspectos primordiales. De un lado, la recesión económica de los sesenta, tras el crecimiento experimentado en la década anterior; de otro, la consolidación de la "dualidad demográfica malagueña", por el contraste entre el proceso de vaciamiento poblacional del interior y el intenso poblamiento del litoral de la Costa del Sol.

El impulso del turismo provocará el fuerte crecimiento demográfico de la Costa del Sol. Se pone en marcha una política económica que busca atraer, además de turistas, capitales extranjeros.

Sociedad y política

Entre la expansión de los sesenta y la crisis de comienzos de los setenta van a irrumpir cambios decisivos en la realidad malagueña. Por una parte, la capital crece a un ritmo vertiginoso y de manera desordenada; por otra, se reanuda la actividad política y sindical de oposición al régimen, tras un largo tiempo de silencio. También se produce una recuperación cultural, de amplio calado social, ejemplificada en la fundación del Ateneo y en la creación de la Universidad.

Con este bagaje emprende Málaga su nueva etapa histórica en la democracia.